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La Costa de Mosquitos, entre Nicaragua y Honduras

Cuentan los relatos de los primeros bucaneros que llegaron a finales del siglo XVII a la costa atlántica de Nicaragua y Honduras que, desde el mar, se podía ver ya la nube de mosquitos que parecía darles la bienvenida desde la playa. El clima húmedo y tropical propiciaba que estos insectos campasen a sus anchas, como si fuesen los primeros turistas que disfrutaran de las turquesas aguas del Caribe.

Sin embargo, lo curioso del caso es que el nombre de esta costa no viene precisamente de ahí. Antes de la llegada de los europeos, los pueblos indígenas que vivían en esta zona hablaban una lengua denominada misquito. Tanto es así que los propios indígenas se llamaban así mismos miskitos. Es así como los españoles, al llegar a principios del siglo XVI, llamaron a este lugar la Costa de Mosquitos.

La Costa de Mosquitos, también llamada Mosquitia, se extendía en sus orígenes desde el Cabo Camarón en Honduras hasta las bocas del río San Juan en Nicaragua. Una franja de 850 kilómetros que fue codiciada siglos atrás por piratas, bucaneros y filibusteros. Actualmente tiene algo más de 360 kilómetros de longitud, y cuenta como ciudades más interesantes Bluefields, Puerto Cabezas y San Juan del Norte.

Esta zona de costa no se incorporó a Nicaragua hasta 1894, mientras que en 1960 la zona norte fue otorgada a Honduras. En ambas aún siguen viviendo tribus indígenas de misquitos, que se caracterizan por tener la piel oscura y ser de pequeña estatura.

Hay paquetes turísticos de aventuras que ofrecen la posibilidad de descender en canoa a motor el río San Juan, que sirve de frontera entre Nicaragua y Costa Rica, y luego remontar la Costa de Mosquitos hasta la ciudad de Puerto Cabezas, a pocos kilómetros ya de Honduras. En la desembocadura del río San Juan se halla la ciudad de San Juan del Norte, situada en el extremo sur de la Costa de Mosquitos.

Desde aquí hacia el norte quedaría por visitar Bluefields, el principal puerto caribeño de Nicaragua. En esta ciudad os podéis alojar un par de días para disfrutar de sus coloridas casas de madera y su pequeña iglesia. Es posiblemente de los lugares más modernos de esta franja de la costa, ya que por doquier veréis a los criollos que hablan en su mezcla de misquito, inglés y español.

Tal vez muchos conozcáis este lugar a través de la película del mismo nombre o por el libro de Paul Theroux, publicado en 1997. En ambos la historia tiene lugar precisamente en esta costa, conviviendo con las tribus indígenas, casi al modo de un moderno Robinson Crusoe.

Foto Vía Team Acm