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Los paisajes de Santa Lucía

Son pocas las personas que no hayan fantaseado al menos una vez en su vida con tener unas paradisíacas vacaciones en el Caribe. Hoy les recomendaremos visitar Santa Lucía, un hermoso país situado en la Isla de la Martinica, en el Mar Caribe.

Santa Lucía encandila a sus visitantes con el turquesa de sus aguas, la espesura de su selva, sus cataratas, sus montañas y el clima cálido que se mantiene constante, así también como el buen humor que reina entre sus gentes. Este territorio fue disputado, desde su descubrimiento, en 1674, por franceses e ingleses, quienes hicieron que la soberanía del mismo cambiara de manos al menos 14 veces. Al final, los británicos ganaron, lo que devino en que el idioma oficial de la isla fuera el inglés, además de cuestiones menores como que se practique en ella el criquet de manera asidua.

Pero la herencia francesa aún se transmite, también, en el patois (un idioma que surgió de la mezcla del francés y los dialectos nativos, que se habla asiduamente en la región), en la religión, y en nombres de ciudades o comidas. Como por ejemplo, la Soupe Germou, sopa de calabaza y ajo.

La isla es pequeña, en perspectiva, ya que sólo tiene 600 km2, menos de 200000 habitantes y está conformada, en su mayoría, por grandes cinturones de playas. A sus costas se sitúan la mayoría de los hoteles que hay en el país, ya que las playas de santa Lucía son su principal atractivo turístico. Todos los turistas arriban a ella deseosos de sumergirse en su mar, a pesar de que corren los rumores de que en sus aguas habita el monstruo marino conocido como The Thing, cuentan los parroquianos.

No obstante, esta isla es más que sólo playas. Existen además infinidad de destinos turísticos que están aguardando impacientes la visita de los turistas que se animen a salir de excursión. Lugares como Gros Islet, un pueblito de casa de madera que tiene fabulosas fiestas todos los viernes en la noche; Los Pitons, dos picos volcánicos que salen del mar y pueden avistarse mejor desde el camino que desciende hasta el pueblo de Soufrière. A su vez, Soufrière es un espectáculo en sí mismo, ya que fue la primera capital de la isla y posee rústicos y elegantes edificios coloniales que se han conservado aún con el paso del tiempo.

Además, es imposible dejarlo sin dar una vuelta por su jardín botánico, una experiencia exuberante no sólo por su flora, sino también por el contenido educativo que allí puede aprenderse.

Foto vía: Santa Lucía