Bucaneros, Corsarios y Filibusteros

Barco pirata

La historia del Caribe no puede ser entendida sin la presencia de los piratas, aventureros y sanguinarios, que en unas ocasiones eran apoyados por los reyes y en otras simples ladrones a la espera de conseguir un botín, fuese cual fuese su bandera.

Al menos así es como se nos han descrito, pero existían tres grupos bien diferenciados en función de sus costumbres y lealtades: los Bucaneros, los Corsarios y los Filibusteros. Trataremos de aclarar las distintas características de cada grupo para romper un poco la tan extendida y errónea costumbre de denominar como “Piratas del Caribe” al conjunto.

Los Bucaneros eran colonos procedentes de diferentes países de la vieja Europa, en su mayor parte de Francia e Inglaterra, y que a principios del siglo XVII decidieron asentarse en la parte noroeste de la isla de La Española. Su principal actividad y sustento era la caza y el ahumado de la carne en una parrilla en la que quemaban maderas húmedas o verdes y conocida como “bucán” y de la que proviene su apodo de “bucaneros”. Los bucaneros vendían esta carne ahumada y más apta para la conservación a los navegantes de las costas caribeñas.

Aunque en un principio no tuvieron mayores conflictos con sus vecinos, los bucaneros fueron expulsados por los españoles, viéndose obligados a huir a Isla Tortuga, donde cambiaron su actividad comercial directamente por la piratería. Los bucaneros pasaron con el tiempo a formar parte de otro grupo, los “filibusteros”.

Los Filibusteros provenían principalmente de Inglaterra, Francia y Holanda, siendo su lugar de actuación el Mar de las Antillas y su cuartel general estaba situado en Isla Tortuga, lugar donde crearon la Cofradía de Hermanos de la Costa. Su principal actividad era el saqueo, aunque no utilizaban grandes naves sino veleros de carga conocidos como flyboot o filibotes, de donde deriva el nombre de este colectivo.

Una vez que los ingleses se hicieron con el control de Jamaica, los filibusteros de origen británico les ayudaron a ocupar la isla. Durante algunos años tanto Isla Tortuga como Jamaica fueron los grandes refugios de los filibusteros, que actuaban en contra de España y a favor de franceses e ingleses. Con el paso del tiempo y la menguante influencia española, la actividad de este grupo se hizo cada vez menos necesaria, y los filibusteros pasaron a convertirse en colonos.

El caso de los corsarios es el que más se asemeja a nuestra visión romántica de los piratas, siendo Francis Drake un ejemplo perfecto de su conducta leal a su corona y despiadada con el enemigo. Mientras que Isabel I le trataba como a un héroe de guerra (aun sin categoría ni carrera militar), para los españoles no pasó de ser un miserable pirata.

Los corsarios eran llamados así por poseer la “patente de corso“, una licencia otorgada por el rey o el gobernador de turno para poder atacar o asaltar barcos y ciudades enemigas, y luego quedarse con una parte del botín. El resto era entregado a quien le otorgase dicha patente.

  • Si quieres profundizar en la historia de estos mares, puedes acceder al siguiente enlace: Historia del Caribe.
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